martes, 27 de septiembre de 2011

En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Cada vez estoy más convencida de que vivo rodeada de tontos. Yo nunca me he considerado una persona muy lista o inteligente, pese a lo que diga mi novio y mis familiares y amigos; pero claro, si vives rodeada de tontos la poca inteligencia parece mucha.

Y es que no se que pasa en este país pero estoy convencida de que el 80% de sus habitantes son tontos, sin inteligencia o les falta un hervor (aplicandose a estos términos todas sus acepciones y niveles). Tal vez hay algo en la tortilla de patatas, o en la sangría, o en la paella, y no lo sabemos. O tal vez sólo es contagioso y una vez aparecio el primer tonto esto se nos fue de las manos, llegando incluso y con más virulencia a las altas esferas del país. Y sabiendo esto aún habrá quien se pregunte porque nuestro país es como es, y las cosas funcionan como funcionan.

Y para no teorizar sólo, pondré un par de ejemplos sobre la tontez que nos rodea. El pasado domingo me presente a unas pruebas para un puesto de trabajo en una importante y muy conocida empresa española. En el e-mail que me enviaron para la convocatoria me explicaban lo que necesitaba llevar (lapiz, goma y dni); y donde tenía que presentarme (tal campus universitario, tal facultad, tal edificio, tal planta y tal aula).

Cual fue mi sorpresa al llegar allí cuando encontre gente super-perdida intentando entrar en la convocatoria de la S cuando su apellido era M, y cosas por el estilo. Vale, puede ser que no conozcan el lugar o que lleguen tarde y nerviosos y se desorienten, pero si eres un pelín listo preguntas a cualquiera de las 2000 personas que estaban allí para lo mismo que tú.

Y aún hay más, la persona que nos controlaba en el examen dió claras muestras de no saber siquiera el alfabeto, ya que siendo mi aula la primera que debía hacer la prueba entramos una hora tarde porque el sr. se tiraba dos horas buscando tus apellidos en una lista de 3 caras y media.

Y por si eso no fuera poco, me sorprendió ver como hubo gente a la que le tuvieron que repartir hojas de respuesta de examen nuevas, porque estropearon las anteriores usando bolígrafo en vez de lápiz, después de haber sido informadas de que sólo se admitía lápiz tanto en el email de la convocatoria, como en la explicación en el aula, como en el cuadernillo de la prueba.

También hubo el típico que quiso mostrar su disconformidad y protestar cual indignado del 15M cuando le plantaron delante las preguntas del test de personalidad, alegando que no entendía que tenía que ver eso con el desempeño del puesto. Supongo que fui yo la única que ante la insistencia de amigos y familiares preguntando si había estudiado les contestaba que no porque en el email de convocatoria se especificaba que era una prueba psicotécnica. En este caso también cabe destacar la brillantez del individuo al protestar y pedir cuentas a los vigilantes del examen que creo ("ironic on") que no eran los psicologos ni encargados de RRHH que preparan esas pruebas.

En definitiva, solo por estos hechos pienso que estas gentes ni siquiera debían haber seguido con la realización de la prueba. Pero claro debí ser la única que se debió dar cuenta de su tontez porque todos los demás serían igual de tontos.

Y así es como me siento muchos días, como una tuerta rodeada de ciegos.